Afilador
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El afilador que, antiguamente, también eran reparadores de paraguas, es un comerciante ambulante, que se transporta en una bicicleta o motocicleta para ofrecer sus servicios de afilar cuchillos, tijeras y otros instrumentos de corte. Modernamente, a lo largo del siglo XX, los afiladores urbanos tendieron a establecerse en comercios situados ya dentro del recinto de los mercados ya en la calle. Estos comercios suelen tener una doble función, tanto lugar de trabajo para el afilado de herramientas de corte como punto de venta de las mismas.
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[editar] Características
La bicicleta ha sido modificada en forma que en su parte trasera lleva montada el esmeril mecánico con una piedra de afilar que emplea para afilar los objetos cortantes. Recorre las calles de la ciudad o poblado y para anunciar su cercanía suele emplear una pequeña flauta de Pan de cañas o plástico como silbato, llamado chiflo, la cual sopla haciendo sonar sus tonalidades consecutivas, de grave a agudas y viceversa.
A comienzos del siglo XXI apenas se ven por las calles.
[editar] Oficio tradicional de Orense
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El de afilador es uno de los oficios más característicos del mundo rural gallego, en particular del norte de la provincia de Orense, y más concretamente de los municipios de Castro Caldelas, Esgos, Chandreixa de Queixa, Nogueira de Ramuín, Pereiro de Aguiar, San Xoán de Río y Xunqueira de Espadañedo. Mezcla de saber técnico y oficio itinerante, la ocupación de los afiladores gallegos los llevó por el mundo adelante ejerciendo una peculiar forma de emigración estacional.
Tenemos constancia de la existencia de afiladores ambulantes gallegos desde hace tres siglos. Es pués, un oficio viejo que resitió las inclemencias de la historia gracias a la tenacidad de estos hombres curtidos en las más duras condiciones laborales, familiares y personales.
El útil de trabajo del afilador era la rueda o tarazana, primero transportada a espaldas del afilador, y más tarde rodando. Fue en la segunda mitad del siglo XX cuando la emblemática tarazana fue sustituida por herramientas más modernas, como la bicicleta o la moto equipadas con la rueda de afilador.
Las nuevas tendencias económicas que implantaron la cultura "desechable" de «usar y tirar» dejaron sin sentido el trabajo de los afiladores que, poco a poco, fueron desapareciendo de las calles, caminos y carreteras. En la actualidad, los afiladores sobreviven gracias a la venta de herramientas de corte en comercios y afilando ocasionalmente cuchillos y tijeras usadas en el hogar.
A pesar de esto, herramientas de uso profesional no deben ser afiladas por afiladores ambulantes, ya que la mayoría para hacer más rápido el servicio de afilado, emplean una piedra esmeril de grano muy grueso que destruye el filo gradualmente, sin contar con que en su mayoría sostienen los elementos a afilar solo a pulso, haciendo difícil que el filo alcanzado tenga el ángulo adecuado de acuerdo a la herramienta, en especial los cuchillos que deben tener ángulos de entre 12 y 20 grados, de acuerdo al material que cortará éste como sucede en los cuchillos de carnicero, de cocinero o cuchillos jamoneros, donde además, la curvatura y el perfil de la oja afilada son importantes por que de este depende la eficacia del corte, pues fueron diseñador para fines diferentes.
Los cuchillos de uso profesional deben enviarse a afilar a un afilador establecido donde posea piedras de acentar o piedras esmeriles planas de grano fino, donde además pueda controlar el correcto ángulo de afilado. Éste procedimiento ademáas debe realizarse siempre con abundante agua. Afilar un cuchillo correctamente es un proceso que puede tardar varios minutos e incluso horas y hasta meses como sucede con el afilado de katanas. Si bien un cuchillo mal afilado puede cortar también, su vida útil se ve disminuida y la calidad del corte es pobre.
Los afiladores son comunes en los países en desarrollo, principalmente en los países de america central y sur, donde la población no posee recursos suficientes como para cambiar de forma frecuente sus herramientas de corte.

