Adivinación

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Vidente en una calle de Taiwán.

La videncia o adivinación es una hipotética habilidad de quienes afirman poder predecir hechos venideros por sí mismos o mediante el uso de sortilegios. Históricamente esta habilidad ha sido compensada por algún tipo de retribución económica aunque hay quienes dicen practicarla sin ánimo de lucro. Videncia o clarividencia, también llamada adivinación es la presunta cualidad que poseerían.

La capacidad atribuida de adivinar el futuro es una creencia que se pierde en la noche de los tiempos indudablemente asociada a la ansiedad que siente el ser humano por su futuro y por lo impredecible. Abierta o clandestinamente, está presente en todas las sociedades y culturas sin excepción alguna, desde el neolítico hasta nuestros días y a pesar del triunfo del empirismo científico como única visión cosmológica dominante.

Las personas a las que se atribuye tal habilidad suelen estar revestidas, según parte de la sociedad, con alguna cualidad especial, bien sea innata («tener don», «venir de familia», etcétera) o adquirida mediante iniciación u ordenación sacerdotal o de cualquier otro tipo, incluida la «superioridad» que proporciona el hecho de aparecer, por ejemplo, en televisión.

Hoy por hoy, la videncia se practica abiertamente en la mayoría de sociedades occidentales a través de consultas o mediante medios telefónicos, casi siempre apoyándose en algún sortilegio como la cartomancia, astrología, etc; que parece dotar al vidente de mayor autoridad. Jurídicamente se considera bajo el amparo de la libertad de creencias protegida como derecho fundamental por la mayor parte de legislaciones democráticas, si bien ello no impide que se persigan las estafas de importancia cometidas por videntes basándose en la credulidad o deseo de creer de muchas personas.

Antiguamente la palabra se utilizaba también para definir a aquellas personas con el don de la profecía en un contexto religioso pero este uso se ha perdido. En el contexto religioso, había los adivinos entrenados, los que supuestamente tenían el don y habían sido formados por otros adivinos expertos. En el otro extremo, estaban los hombres y mujeres sabios de los pueblos que ayudaban a la comunidad en la que vivían sin pedir nada a cambio y la gente solía darles la "voluntad", es decir, lo que pudiesen pagarles, ya fuera comida, leche o dinero. Estos hombres y mujeres, además, conocían a la perfección la medicina tradicional y conocían toda clase de plantas y setas curativas y venenosas por lo que la gente de los pueblos solía ir a pedirles ayuda en cuanto estaban enfermos. No obstante, años más tarde, empezó a considerárseles brujas y brujos por lo que eran perseguidos por lo ya conocido como "Caza de Brujas" durante la Inquisición. Durante éstos años de "Caza de Brujas" se podía acusar de bruja a una chica joven por que su mascota era un gato negro o una anciana por que vivía sola en una casa o a un hombre que conocía a la perfección la medicina tradicional.

Artes adivinatorias[editar]

Tanto Platón como Cicerón concebían dos formas de adivinación: una inductiva considerada arte y otra natural, deductiva e intuitiva. Con la inspiración, se consideraba que el adivino era poseído por un genio o demonio, que le sumía en un trance o manía, palabra de la cual deriva mantike: mancias o artes adivinatorias.[1]

Los antepasados veían los elementos de la naturaleza como algo sagrado, y los utilizaban para fines adivinatorios:[2]

Además, eran muy populares

  • La oniromancia o interpretación de los sueños
  • Los augurios o adivinación con base en el vuelo de las aves
  • Los presagios como origen de la observación deductiva de los antepasados

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Enrique de Vicente. Los poderes ocultos de la mente. Madrid: Editorial América. 1995.
  2. Didier Colin. Enciclopedia de Astrología y las artes adivinatorias. Presagios, Creencias, Misterios.Salvat.