Órdenes menores

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Los órdenes menores eran instituciones eclesiásticas a las que antiguamente se accedía por una ceremonia o rito de ordenación realizada a clérigos que ya había recibido la tonsura para que desempeñen determinados servicios a la Iglesia -esto implicaba, antes de la separación Iglesia-Estado, que se pasaba a estar solo bajo jurisdicción eclesiástica y se pasaba a gozar de los privilegios y asumir las obligaciones que este estado conllevaba-.

Así, dentro de la jerarquía católica, había ocho órdenes: cinco menores y tres mayores. Los órdenes menores (si no se cuenta la tonsura) son los de ostiario, lector, exorcista, acólito y subdiácono; los mayores, el diaconado, el presbiterado y el episcopado.

  • El ostiario era el primer grado y en él se consagraba al guardián del templo, que llama a los fieles al sonido de las campanas y conserva las cosas sagradas: es el guardián del Santísimo Sacramento que se oculta en el sagrario.
    • En la ceremonia de ordenación, el obispo le presentaba al aspirante las dos llaves del templo sobre un plato y, mientras el aspirante las tocaba, le decía: «Actúa de tal suerte que puedas dar cuenta a Dios de las cosas sagradas que se guardan bajo estas dos llaves...»
  • El lector era a quien se le confería el oficio de leer o cantar públicamente en el templo las santas escrituras, según los libros del canto litúrgico; además ayudaba al diácono en sus labores ministeriales, enseñando el catecismo al pueblo, y bendiciendo hogares y bienes para consagrarlos a Dios.
    • En la ceremonia de ordenación, el obispo le presentaba el Misal Romano y, mientras el candidato lo toca con su mano derecha, le dice: «Sé un fiel transmisor de la palabra de Dios, a fin de compartir la recompensa con los que desde el comienzo de los tiempos han administrado su palabra...».
      • Es una de las dos órdenes menores reconvertidas en "ministerios laicales" que aún se conservan, junto al acólitado. Actualmente se confiere no por ordenación sacramental sino por colación, un rito de bendición en el que el fiel laico es instituido para ésta misión, sin dejar el estado laico. A pesar de ser ministerio para laicos, se suele administrar a los candidatos al sacerdocio, como preparación al mismo. En la práctica, el oficio de leer las escrituras durante la liturgia se hace sin poseer este ministerio.
  • El exorcista era a quien se le confiere el oficio de imponer las manos sobre los posesos del demonio, recitar los exorcismos aprobados por la iglesia y presentar el agua bendita. En la actualidad, este oficio solo lo pueden ejercer presbíteros, de ordinario antes del bautismo, y de modo extraordinario, con un permiso especial del ordinario de su diócesis, cuando la grave ocasión lo requiera.
    • En la ceremonia de ordenación, el obispo le presentaba el libro de exorcismos al ordenando para que lo tocara con la mano derecha, y le decía: «Recíbelo y confía a la memoria las fórmulas; recibe el poder de poner las manos sobre los energúmenos que ya han sido bautizados o sobre los que todavía son catecúmenos...».
  • El acólito era a quien se le confería el poder espiritual de portar luces en el templo y de presentar el vino y el agua.
    • Al ordenarse, el aspirante tocaba con su mano derecha el candelero con un cirio apagado que le presentaba el obispo, mientras este le decía: «Recibe este candelero y este cirio, y sabe que debes emplearlos para encender la iluminación de la iglesia, en el nombre del Señor...». Después el obispo le entregaba una vinajera vacía, y mientras el aspirante la tocaba con los dedos de la mano derecha, le decía: «Recibe esta vinajera para proveer el vino y el agua en la eucaristía de la sangre de Cristo, en el nombre del Señor...»
      • Actualmente es, con el ministerio de lector, otro ministerio laical, aunque según decida la conferencia episcopal, puede llamársele subdiacono a tal ministro. Éste ministro, además de ser el ayudante insitutido para la celebración eucaristica -función también hoy día desarrollada por ministros no instituidos, como ocurre con los lectores-, es además ministro extraordinario de la comunión, por lo que puede sustituir al sacerdote o al diácono para llevarla a los enfermos o impedidos, entre otras funciones.
  • El subdiaconado era, por su naturaleza, un orden menor, pero en la Iglesia católica, entre el siglo XII y el XX, fue considerada como el primero de los órdenes mayores, por las obligaciones que implica. De hecho, el Concilio de Trento definió que la jerarquía de orden de institución Divina solo incluía los tres primeros grados de orden -episcopado, presbiterado y el diaconado (De sacramento ordinis, IV, 6). Aunque el Concilio declaró que los Padres y consejeros habían colocado el subdiaconado entre los órdenes mayores (De sacramento ordinis, II), fue considerado solo una institución eclesiástica. Tras el Concilio Vaticano II, fue formalmente suprimido, aunque puede llamarse así a los acólitos instituidos, debido a su tardía aparición y a que algunas de las que eran sus funciones se le añaden a éste. La función principal del subdiácono era la leer la epístola durante la misa —función hoy dada al lector—, y servir en el altar, así como purificar fuera del altar los lienzos y vasos sagrados —funciones hoy dadas al acólito—.
    • En la ceremonia de ordenación, el aspirante debía tocar con los dedos de su mano derecha el cáliz y la patena vacíos, mientras el prelado le decía: «Ve el divino ministerio que te es confiado; es por eso que debo advertirte que te conduzcas siempre de una forma que agrade a Dios...» Y, tras tomar con su mano derecha las vinajeras y el libro de las Epístolas, el obispo le decía: «Recibe el libro de las Epístolas con el poder de leerlo para los vivos y los muertos». Era el único orden menor que tenía un ornamento propio: la tunicela (similar, o prácticamente igual a la dalmática de diácono).

Reordenación de Pablo VI[editar]

Tras el Concilio Vaticano II, el 15 de agosto de 1972 Pablo VI firmaba la Carta en forma de Motu Proprio "Ministeria quaedam", por la cual los desaparecían los llamados "órdenes menores" y se transformaban en ministerios laicales, quedando, como se ha dicho, los de lector y acólito, dándoles así una coherencia funcional mayor, ya que, por ejemplo, las funciones del ostiario son propias de un mero sacristán y las del exorcista son más propias de un presbítero, que es el que por la crismación de las manos, tiene el poder de imponer las manos y bendecir y por tanto de invocar a Dios para que el demonio sea sacado del cuerpo del fiel exorcitado. Asimismo, a pesar de que la función del lector era la de leer la Sagrada escritura, en realidad, era el Subdiácono quien recibía esta misión, cosa incoherente y ya corregida, así como exitían dos ayudantes en las ceremonias sagradas: acólito y subdiácono, siendo hoy el mismo ministro. Hoy día quedan, como se ha dicho, como ministerios de laicos, a pesar de que no es costumbre instituirlos sino a quienes se preparan para el diaconado permanente o el presbiterado. A pesar de no ser instituidos, si que son realmente los laicos quienes realizan sus funciones. Además, se ha creado el "ministro extraordinario de la Comunión", una asimilación del acólito, pues tiene sus mismas funciones y puede realizar las mismas acciones (exactamente iguales), con la diferencia que el primero puede ser recibido también por mujeres, cosa que los actuales ministerios (y mucho más las antiguas órdenes menores) solo pueden ser recibidas por varones.

Referencias[editar]

Véase también[editar]