Épica medieval

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La épica es una narración heroica en verso (su equivalente en prosa sería la saga). Las narraciones épicas tienen en común la persecución del honor a través del riesgo. La épica medieval europea tiene su origen en la épica grecolatina, la cual moderniza, pero cuyas líneas básicas sigue. Existen dos categorías: épica heroica (audiencia popular) y épica culta (se hace en la Edad Media, en latín generalmente).

Martín de Riquer subraya el carácter universal de la epopeya: más que derivar de un tronco común, lo que pasa es que su composición y difusión tienden a producir idénticos resultados.

Para Collins la épica es universal en tiempo y espacio, tanto que casi es imposible definirla. Sin embargo, da algunos elementos constitutivos: héroe con un objetivo o ideal concreto, que ha de superar una serie de obstáculos; contactos con una divinidad (misión); actividad guerrera y, a menudo, peregrinaje.

También destaca el tono elevado así como que triunfa siempre la justicia en la épica medieval.

Conservación del texto épico medieval[editar]

La obra conservada en España es mínima comparada con Francia: Además del casi completo (más de 3.000 versos) Cantar de mio Cid se conservan 101 versos del Cantar de Roncesvalles; el tardío Mocedades de Rodrigo; la refundición culta del Poema de Fernán González y fragmentos de Los siete infantes de Lara.

Existen dos tipos de manuscritos: manuscrito de juglar y manuscrito de biblioteca. La calidad del manuscrito puede explicar por qué no nos ha llegado tanta épica como en Francia, donde se da más el manuscrito de biblioteca.

En Francia se copiaron manuscritos de biblioteca probablemente porque en España se incorporaron a las crónicas, lo cual pudo ser porque eran más fieles a la historia, mientras que en Francia no se hizo así, sino que se pasaron a este tipo de copias. Otra posible causa pudo ser el cambio de las técnicas amanuenses.

Un ejemplo de incorporación a las crónicas es la Estoria de España (Primera crónica general), incorporación que se hizo de dos formas: resumen bastante completo y versiones prosificadas. La Estoria no prosifica ningún poema épico, sino que se sirve de 'estorias' en prosa, algunas basadas en un poema.

El problema de la formación de la épica medieval[editar]

Sobre cómo se formó la épica medieval hay varias teorías:

  • Tesis romántica: la épica se debe a la creación colectiva espontánea.
  • Teoría de las cantilenas: los cantos cortos fueron precursores de las epopeyas extensas. Esta teoría gozó de gran predicamento hasta que Manuel Milá y Fontanals demostró que fueron los romances quienes se desgajaron de los cantares de gesta.
  • Teoría individualista (Joseph Bédier): la épica es obra de poetas individuales, los juglares eran los portavoces de los clérigos, con lo que Bédier hace hincapié en el interés propagandístico de los cantares (el hecho de citar un monasterio o una linde podía atraer peregrinaciones o fijar fronteras físicas). Sin embargo, hay poemas de inspiración profana, hay ciclos enteros sin vinculación monástica. Además, Dámaso Alonso acabó con esta teoría al descubrir la nota emilianense: breve relato de Roncesvalles que sigue, en líneas generales, la Chanson, pero fechada de 30 a 50 años antes (1.054-76). Demuestra la difusión del tema épico de Roldán antes de la gesta conocida, es decir, una actividad épica latente.
  • Teoría neotradicionalista (Menéndez Pidal): da gran importancia al fermento popular. Sostiene la lenta evolución de la épica y numerosos textos perdidos (para él no es posible que el Cantar o la Chanson sean textos primigenios, por su perfección). Afirma que el autor no tiene conciencia de tal, como puede verse por: el anonimato, que se confunde con la colectividad, la constante refundición (lo que Milá llamó 'variantes'); ésta será una constante de la literatura medieval. La épica española vivió varios siglos de constante variación y en estado latente (como hemos visto que demostró Alonso tras sacar a la luz la nota emilianense). Ve los poemas menores (500-600 versos) como gérmenes de las grandes gestas: se amplían por refundición, no por aglutinación.
  • Teoría oralista: sostiene la composición oral del poema y su constante recreación. Sin embargo, no se sabe dónde se puede aplicar a la lírica occidental. Se reconoce la existencia de textos de transición, entre el estilo oral y el escrito. Alan Deyermond habla de la profunda influencia en estilo, técnica y contenido oral (visible no sólo en el Cantar de Mío Cid, sino también en Gil Vicente o en don Juan Manuel). Deyermond destacó la compleja interrelación de elementos cultos y juglarescos.

El problema de los orígenes de la épica castellana[editar]

  • Teoría latina: la épica castellana vendría de la épica latina a través de una épica latina vulgar (de la que sí hay huellas latinas en la época romance).
  • Teoría francesa: para los defensores de esta teoría, la épica castellana procede de la francesa, ya que el centro de la vida literaria en la Edad Media estaba en Francia. Milá y Menéndez Pelayo afirman que se ha de diferenciar el influjo francés de un posible origen común. Pidal admite el influjo francés a comienzos del siglo XII, cuando ya la épica estaba formada, aunque en estado latente.
  • Teoría germánica: la épica castellana sería herencia de los pueblos germánicos que cantaban en poemas épicos extensos sus gestas. Se basa en el testimonio de Tácito. Sin embargo, pasó mucho tiempo entre la dominación visigoda y las primeras obras épicas, por lo que parece difícil asumir esta teoría.
  • Teoría arabista: carga la reponsabilidad de la gestación en la influencia árabe, lo que se basa en que existió epopeya andalusí. Para Marcos Marín los visigodos se habían romanizado y la llegada de los árabes habría posibilitado el renacimiento de la épica (admite este autor triple influencia: árabe, latina y germánica).

Según Deyermond la génesis de la épica se sitúa en una edad heroica, que pudo ser:

  • la conquista goda (si bien cruzan los Pirineos ya latinizados);
  • la primera reconquista (no hay base para afirmar esto);
  • la independencia de Castilla (aquí ya sí hay testimonios) y
  • la vida del Cid.

Características de la épica española[editar]

Menéndez Pidal da rasgos que apoyan su tesis neotradicionalista y habla de la constante de la irregularidad y asonancia del verso, lo cual no es típico sólo de la épica castellana, sino común con la poesía anglo-normanda y norte-italiana, pero frente a la regularidad y el consonante francés. Habla de una enorme vitalidad y capacidad de renovación. Otra característica esencial para Pidal es el realismo (se ha dicho siempre que Pidal exagera este aspecto):

  • historicismo (se ajusta más que la épica francesa);
  • realismo de lo cotidiano (se le presta atención a lo cotidiano) y
  • realismo de las almas (espíritu 'democrático', seguramente porque el feudalismo no es tan fuerte en España

Para Collins el problema del verismo es secundario. Aunque la épica tiene sus raíces en un terreno histórico, no era incumbencia del poeta la preservación de la historia. La historicidad y el realismo se dan por intento de verosimilitud.

Las gestas castellanas: temas, ciclos y cronología[editar]

Se divide en cuatro etapas:

1. Formación (desde los orígenes –tras el siglo X—hasta 1140): existían cantares, probablemente breves. Hay quien sigue creyendo que hubo un ciclo sobre la conquista árabe y los inicios de la Reconquista. Los ciclos de esta etapa son:

    • Don Rodrigo: pérdida de España, conquista musulmana.
    • Conde Fernán González: origen de Castilla. Es un ciclo propagandístico (monasterio de San Pedro de Arlanza). Subordina lo épico a lo religioso. Dispone de fuentes cultas y destila un fuerte patriotismo.
    • Ciclo cidiano.
    • Ciclo carolingio: no es el periodo heroico. Tanto los cantares carolingios como los anticarolingios son posteriores a los hechos que refieren. El eje fundamental del ciclo carolongio es la figura del emperador Carlomagno y sus caballeros.

Una de las obras que forman parte de este ciclo es el Cantar de Roldán, poema anónimo que narra la histórica derrota del caballero Roldán en Roncesvalles frente a los árabes en 778.

2.Florecimiento (1140—1236): los cantares épicos ganan en perfección y longitud. Se detecta el influjo francés (a través de la ruta jacobea). Textos conservados:

    • Mio Cid.
    • Roncesvalles (101 versos).
    • Otros ciclos:
      • Ciclo bretón o artúrico:

Se centra en las aventuras de los caballeros de la corte del rey Arturo. La búsqueda del Santo Grial, el amor de Tristán e Isolda, la Mesa Redonda, el mago Merlín, Ginebra y Lanzarote pertenecen a este ciclo.

Chrétien de Troyes es uno de los autores del siglo XII que trataron estas aventuras. Escribió Perceval o el cuento del Grial, en el que se narra la historia del caballero Perceval.

      • Bernardo del Carpio: reacción nacionalista contra los poemas carolingios. Podría tener base real.

3.Prosificación en las crónicas (1236—mediados del siglo XIV): hay continua refundición de los poemas y adaptación de las gestas francesas.

4.Decadencia (mediados del siglo XIV—mediados del siglo XV): hinchazón y grandilocuencia de la épica. Se da entrada a elementos fantásticos o legendarios: efecto dramático, glorificación desordenada del héroe. Los largos poemas se fraccionan. Destaca el texto conservado de Las mocedades de Rodrigo.

Otros cantares de gesta hispánicos[editar]

Cabe mencionar también dos con muchas particularidades:

El estilo de los Cantares de gesta[editar]

Estilísticamente, los cantares de gesta se caracterizan por el uso del llamado modo dramático para narrar. El juglar quiere que el público sienta la acción como si se estuviese desarrollando en el presente; para ello, utiliza varias técnicas:

  • utilización de formas verbales imperfectivas;
  • variación constante de la perspectiva temporal;
  • uso del estilo o discurso directo con el objeto de hacer hablar a los personajes;
  • presentación de los acontecimientos y de las reacciones psíquicas de los personajes mediante la descripción de acciones y gestos que se suponen visibles para el público en una serie de escenarios imaginados;
  • comienzo de la narración en su nudo, in medias res, dando por supuesto el conocimiento previo de la historia y de los personajes por parte del auditorio.

Además, la oralidad impone que cada verso tenga bastante autonomía y que haya repeticiones constantes a base de fórmulas narrativas, sobre todo para determinados tópicos de la épica: descripción del héroe protagonista, descripción de combates, etc.

Métrica[editar]

Los cantares de gesta pocas veces se organizan en estrofas; lo normal es que aparezcan estructurados en tiradas o series de versos de entre 12 (dodecasílabos) a 16 (hexadecasílabos) sílabas, que comparten la misma rima asonante. Por lo general, la tirada forma una unidad temática o de acción. En ocasiones, el verso aparece dividido más o menos hacia la mitad (tras la séptima u octava sílaba) y es lo que se denomina cesura. Los cantares de gesta castellanos se apoyan sobre todo en el ritmo, más que en el cómputo silábico, de ahí que se caractericen por su anisosilabismo.