Ángel Ganivet

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Ángel Ganivet
José Ruiz de Almodóvar.Retrato de Angel Ganivet.1.jpg
Retrato de Ángel Ganivet
(pintado por José Ruiz de Almodóvar).
Nacimiento 13 de diciembre de 1865
Granada, España
Fallecimiento 17 de noviembrejul./ 29 de noviembre de 1898greg.
(32 años)
Riga, Imperio ruso
Nacionalidad española
Ocupación escritor y diplomático
Movimientos precursor de la Generación del 98
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Ángel Ganivet García (Granada, 13 de diciembre de 1865[1] - Riga, 29 de noviembre de 1898)[2] fue un escritor y diplomático español. Es considerado por algunos autores un precursor de la generación del 98 y por otros un miembro de pleno derecho de esta.[3] Según Ganivet, la crisis de fin de siglo de España habría sido causada por un problema colectivo fundamental: la abulia.[4]

Biografía[editar]

Nacido en una familia de clase media, su padre murió cuando él tenía nueve años. A la edad de diez años, una fractura le llevó a estar a punto de perder una pierna; poniendo en riesgo su vida, se negó a la amputación y, tras años de rehabilitación, consiguió no quedarse cojo. Con retraso por esa convalecencia, inició sus estudios cursando entre 1880 y 1890 el bachillerato y las carreras de Derecho y Filosofía y Letras, consiguiendo siempre notas de sobresaliente.

En 1888 empezó el doctorado en Madrid; obtuvo el grado correspondiente, con nota sobresaliente y premio extraordinario, con la tesis La importancia de la lengua sánscrita, tras no serle aceptado el trabajo académico, intitulado España filosófica contemporánea. Se presentó a las oposiciones al Cuerpo de Archivos, Bibliotecas y Museos, que ganó, y fue destinado a la biblioteca del Ministerio de Fomento en Madrid. Se integró poco a poco en el mundo literario madrileño, asistiendo al Ateneo y a diversas tertulias literarias. Inició una relación de amistad con Miguel de Unamuno en mayo de 1891, cuando estudiaban juntos para las oposiciones a cátedra de griego,[5] que Unamuno conseguiría por Salamanca y Ganivet perdería por Granada.

En 1892 conoció a Amelia Roldán Llanos, de la que se enamoró aunque no terminaron casándose por razones desconocidas. De su relación, nacieron dos hijos: Natalia, que murió al poco de nacer, y Ángel Tristán. En mayo de ese mismo año, Ganivet alcanzó el primer puesto en unas oposiciones al cuerpo consular; por lo que fue nombrado vicecónsul en Amberes, tomando posesión en julio; pasaría cuatro años en la ciudad belga. Durante ese tiempo, se desarrolló intelectualmente: leyó, se instruyó en varios idiomas, aprendió a tañer el piano y empezó a escribir. Por otro lado, su relación con Amelia sufría grietas.

En 1895 fue ascendido a cónsul y destinado a Helsingfors, actual Helsinki. En los más de dos años que pasó en Finlandia produjo la mayor parte de su obra literaria. Su estancia terminó cuando el cuerpo diplomático suprimió el consulado por escasa actividad comercial. Tomó posesión del consulado de Riga en 1898. Allí, fruto de una crisis espiritual, sin su mujer, solo, tras las pérdidas de las últimas colonias de España, entristecido por la grave situación de su nación,[6] enfermo de sífilis,[7] cayó en una profunda depresión que lo llevaría a suicidarse tirándose desde un barco al río Dvina,[8] [9] en Riga, tras haber sido salvado en una primera intentona.[6] Fue enterrado en el cementerio de San Miguel de la actual ciudad letona.[10]

Obra y pensamiento[editar]

Su fama la debe sobre todo a su Idearium español, un libro que, a pesar de su poca extensión, ocupa un puesto destacado en el pensamiento español moderno. La Enciclopedia Larousse lo califica como «obra capital de una gran profundidad filosófica».

En el mismo momento en que España está al borde de la agonía y asiste a la derrota del desastre del 98, Ganivet se atreve a reivindicar su cultura y su manera de ser. Vuelve la mirada hacia atrás y arremete contra lo que cree que ha desviado a España de lo que hubiera podido ser: una «Grecia cristiana».[11] Rechaza el estoicismo o senequismo de la tradición española, que ha causado el gran defecto esencial de España, la abulia, y propone un cambio axiológico fundado en la voluntad, las ideas y la acción.

La cosmovisión ganivetiana es radicalmente espiritual. La misma espiritualidad subyace en su visión de España. De ahí que lamente el giro expansionista de los primeros Austrias. «Apenas constituida en Nación, nuestro espíritu se sale del cauce que le estaba marcado y se derrama por todo el mundo en busca de glorias externas y vanas, quedando la Nación convertida en un cuartel de reserva, en un hospital de inválidos, en un semillero de mendigos». Alma irónica, rechaza la violencia como instrumento emancipatorio y siente una actitud de respeto hacia las clases humildes; de ahí que afirme que «las inteligencias más humildes comprenden las ideas más elevadas».[12] Sin embargo, el espiritualismo de Ganivet no significa la creencia en Dios, tanto así que en su Epistolario con Francisco Navarro Ledesma habla de la religión como un comodín que se toma y se deja, se declara no católico y predice pronto la extinción total de la fe cristiana. Su espiritualismo es más bien la «religión de las ideas». Tal como lo declara Max Stirner en 1844 en la primera parte de su libro El único y su propiedad. Ganivet es un convencido de que quien cambia a las ideas cambia al hombre. Lo importante para él es el espíritu, vivir para el pensamiento y educar a los demás. En suma, se trata de un espiritualismo antropocéntrico, su fe está en el hombre. Ganivet se ha desprendido del cristianismo pero no de la moral. Pero predica un cambio axiológico: su moral no es burguesa —matrimonio, familia, riqueza, orden— sino es la moral de los ideales, de los valores, de la voluntad. Sirve a las ideas con ascetismo y sacrificio. Ha llegado a un concepto tan puro de las cosas que ninguna realidad le satisface —religión, patria, hombre, amor y amistad—. Este espiritualista amputado de Dios, creyente en un espíritu que no encuentra donde alojar, odia la materia, el cuerpo y el mundo. Su nihilismo lo consume en cuerpo y alma. Inconsolable se entrega al suicidio. Vivió como pensó, en unidad de vida y obra.

Fidelino de Sousa Figueiredo señaló una influencia de la obra de Guy de Maupassant en Ganivet.[13]

Obras[editar]

  • España filosófica contemporánea (1889); ensayo.
  • Granada la bella (1896);[14] prosa.
  • La conquista del reino Maya por el último conquistador Pío Cid (1897);[15] novela.
  • Idearium español (1897);[14] ensayo.
  • Cartas finlandesas (1898);[15] prosa.
  • El escultor de su alma (1898);[16] [17] teatro.
  • Los trabajos del infatigable creador Pío Cid (1898);[18] novela.
  • Hombres del norte / Porvenir de España (1905);[19] ensayo.

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

Obras de Ganivet
  • Ganivet, Ángel (1905). Idearium español (2ª edición). Madrid: Librería general de Victoriano Suárez. 
  • Ganivet, Ángel (1905). Cartas finlandesas. Madrid: Librería general de Victoriano Suárez. 
Fuentes secundarias

Enlaces externos[editar]